Micronesia en el Cerebelo

Rock, cine, comics, ciencia ficción, cervezologia y sueños rotos.
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Wednesday, October 20, 2010

Nuevo Podcast de los Pilotos suicidas



Prometo no desatender el blog del todo, pese a mi total caída en una espiral de abulia.

Por ahora os dejo con otro de los interminables podcasts musicales de El club de los Pilotos Suicidas, en donde noticias, peroratas, conciertos, y sobre todo críticas destructivas llenas de bilis (Interpol, Lori Meyers) conviven con ejercicios de sano revivalismo (¿todo tiempo pasado fue mejor? Preguntemos a los Stone Roses y su debut, disco histórico de la jornada)

Personalmente, como parte de mi espiral antes mencionada, mi asco a las masas, y mi desarrollado sentido de la integridad física y moral, hoy por hoy prefiero cualquier tormento chino antes que ir a un concierto, pero ahí tenemos al entusiasta Farxavi cubriendo todos los festivales habidos y por haber (ya está planeando un Paredes de Coura o un Glastonbury como el paso natural para su corresponsalía musical. Promete liarme, a pesar a mi incipiente fobia a viajar. Y eso que quería irme de beca Leonardo o algo)

Cómo he podido pasar de botar a lo loco, admirar el periodismo Gonzo de Hunter Thompson, vivir peligrosamente atado a una botella, jugármela, llevar chapas de los sex pistols y de los Clash, a encerrarme en casa con el batín, el libro de poemas de Celan o de Martinson, el vasito de leche y el capítulo de Mad Men, bajando las persianas para simular no estar y que no me líen, agotado, forma parte de un cuadro general de desaliento controlado y no muy excesivo, vida tranquila basada en pequeños placeres, y de sartreana afirmación de que el infierno son los demás.

Auque me contradigo, y hace poco salí de mi madriguera de fantastico señor Zorro, y celebré, y bebí, y polemicé y no dejé que la maleza cubriera los caminos de la amistad, y me regalaron un muñeco de Lennon por mi cumpleaños. Muy a tiempo para rendir homenajes necesarios.

En cuanto al podcast, empiezo a sentirme como el elemento elitista y aguafiestas del grupo, que no disfruta de nada pero lo analiza todo de forma pretenciosa y abstrusa. A caballo entre el "hipster" del que hablan los anglosajones, tan diferente en significado hoy en día de la época beat de Kerouac, el tipo que pretende que lo ha oído todo antes, y lo ha disfrutado antes, y lo ha agotado antes, conforme a la velocidad de la información de la hiper realidad de los 00's(¿algo perdurará realmente de ese maremágnum?) y el abuelo cebolleta, "en mis tiempos se hacía mejor".

Temo convertirme en el tipo siniestro de la tienda de alquiler de discos de mi juventud. A la que yo llegaba con los oídos frescos y jóvenes, sorprendiéndome de todo, (re) descubriéndolo todo, y era recibido por los sarcasmos, a lo "vendedor de tienda de comics" de los Simpson.

He logrado mantener parte de la curiosidad durante años, de la capacidad de buscar y dejarse enamorar por la música. Pero lo renonozco. Cuando encuentro por la calle su jeta de perdedor, de crítico de mostrador de videoclub, de amargo aguafiestas, veo algo que se ha abierto paso. "The Kids are allright" decían los Who. Tal vez solo hemos dejado de tener los oídos abiertos para comprenderlo.

Siempre nos quedará I am The Resurrection.

Sunday, July 19, 2009

Encuentros (En la tercera fase)


Mentí. El jueves, hablando con Paolo 2000, le dije que era el primer ser virtual que conocía en persona. En realidad pasaba por alto un episodio vergonzante de mi juventud decadente, en que un amigo quedó con una chica por internet y me reclutó para entretener a su amiga. En este sentido, la expresión bailar con la más fea, cobró todo su sentido. Que ellas fueran más jovenes de lo que afirmaron, y nosotros más ridículos de lo que era tolerable, no ayudó; y culminé la tarde más geek de mi vida con una imitación del John Cleese de Monty Python's Flying Circus. En fin, historias vergonzantes.

Lo mejor de la jornada del Fib, teniendo en cuenta el desastroso sonido que demostró Oasis al final (Las seis primeras canciones, y Slide Away y Live forever, bien, luego ya...) fue precisamente conocer a Paolo y a su colega, gente fantástica, llana, divertida. Precisamente el otro día le comentaba a Alex que a mi me parecía que en persona pierdo mucho, que no me considero interesante, y vive dios que después de una semana con mi familia en el pueblo y mis amigos en Londres, se ve que de no hablar con nadie, el gin-tonic me soltó la lengua.

Que odio el propio timbre de mi voz es un hecho, y en el transcurso de alguna de mis charlas insustanciales, productos de mi propia inseguridad crónica, me interrumpía a mi mismo buscando un anclaje: "¿no os estaré dando la brasa no?" Como en aquella peli basada en Easton Ellis, cuando Paul Denton piensa aquello de que es sorprendente la cantidad de mierda que sale de la boca de uno a veces.

Yo había amanecido con ganas de conducir a toda ostia, con la remezcla del Strange Days de los Doors en la cabeza. Porque soy un tipo muy de covers y remezclas. Pasaba veloz dejando atrás los montes descarnados de piedra y arena rojiza, las exiguas masas forestales, las fábricas de porcelana para cuartos de baño, humeantes, los campos de naranjos y hortalizas, los caminos rurales, paralelos a la autovía. Pero al llegar a la altura de Benicassim, el caos total y un Guardia Civil y sus indicaciones abstrusas, me disuadieron de aparcar por la zona, y dejé el coche en mi pueblo para bajar en tren.

Decía Zizek, creo que en "Mirando al sesgo" a propósito del personaje de Novak en Vértigo (de entre los muertos) que a veces nuestras máscaras son la parte más auténtica de nosotros mismos, aquello que elegimos como mentira preferida sobre quiénes queremos ser, y acaba siendo el verdadero ser, a fuerza de interpretar el papel, y en eso andaba pensando yo, en las múltiples máscaras cibernéticas, y en la persona "real" reflejada en los ojos de los demás, en esos ojos en los que las mentiras que nos susurramos de noche sobre nuestras vidas, y que creemos a medias, aparecen reflejadas en su probable inconsistencia.

Por otra parte, busqué una sombra en la ciudad, y me derrumbé entre latas de cerveza fría y humos psicotrópicos, aferrado a un buen libro, disociando mi propia persona, entre la multitud. Las "hordas bárbaras" las llamé entonces, pensando en que he perdido la ligereza (Como diría Sloterdijk) y el sentido del humor. En realidad, entre la masa de danzarines de bacanal, yo era el auténtico extranjero, elemento discordante.

Me apetecía esa inmersión, como observador de este Woodstock banalizado. Paolo resaltó luego ante uno de mis comentarios-boutades, despectivos y un tanto quejumbrosos de la frivolidad, que en el fondo era un moralista, y es cierto. Es el destino de muchos viejos libertinos, a última hora reconvertidos y arrepentidos. Me temo que no sumé mucho espíritu festivo, con mi actitud de piel roja "no dar agua de fuego a Caballo Loco, o Caballo se volverá loco de verdad".

En cuanto a la música, hablé mucho de música, que para mi es un placer casi mayor que la música misma, a pesar de mi propia voz, y vi a unos Oasis que empezaron muy bien, aunque con un sonido un poco bajito, hasta que empezaron las tontadas (My Big Mouth. ¿Tiene sentido que la toquen?) y el fallo final típico (Wonderwall. Siempre falla el sonido en Wonderwall) y ahí el sonido se fue a la mierda, lástima de Champagne Supernova. Me quedo con Cigarrettes and Alcohol, y Slide Away, y la sensación de que Oasis están malditos para el FIB, y que mejor que no vuelvan. Nada que ver con Barna en febrero, o con los últimos conciertos triunfales en Wembley y Rockilsde. En cierto sentido, los pelos si se me pusieron como escarpias, cuando bajé del tren y me recibió un grupo de hooligans cantando bajito y entonado Champagne Supernova. En ocasiones la manera de la gente de amar a la música resulta mejor que la misma música en si.

Fuck You es mi canción favorita de Glasvegas, una cara b que tocaron a tiempo, para tocar a retirada. A todo esto, a pesar de ser el benjamín del grupo, no tuve cuerda para tirar del carro. Como Paolo, llevo años diciendo que estoy demasiado quemado para estas aventuras. Y siempre continuo.

En fin, que andamos el camino hasta el apartamento, y no sé si entre mis recurrentes odas laudatorias a Houellebecq (el artista de la semana para mi). Dando a entender que admiraba su misoginia y su cinismo, cuando, tal vez, y eso lo pensé luego, es la sensación de desarraigo y soledad lo que me llama. Tal vez, porque cuando yo era joven (aún lo soy dicen algunos) estuve en la posición vacua del Bruno de las Partículas, con todas las miserias morales que ello implica. Luego, a punto de entrar en la facultad, se me fueron quitando los vicios sórdidos y oscuros, el malditismo, y las ganas de ser poeta maldito, que es un trabajo full time muy cansado, y como diría Michi Panero, un coñazo para los que te rodean y te aman, y me sumergí en una nube etílica.

En fin, apenas hace poco, relativamente poco, un par de años, que firmé una tregua con el enemigo interno, y aprendí a convivir en la reserva india del espíritu, a caerme mejor a mi mismo, y frecuentar menos los amaneceres brumosos con sabor a bourbon dulce, algo temeroso ahora a que los eventos de envergadura como este organizativamente desastroso Fib, saquen al bárbaro que llevo adentro (razón por la cual evité en todo momento a Farxavi, que andaba por allí con su farmacia ambulante de la señorita Pepis. Le quiero mucho, pero a veces saca lo peor de mi.)

Pero si organizativamente este FIB ha sido tremendo, síntoma tal vez de esta era de aviones caídos y plagas bíblicas (tal vez hora de rescatar el Libro del fin del mundo de Connie Willis), humanamente, ha sido un Fib enriquecedor. En eso pensaba también, con el sabor a frankfurt y a sangre de encía en los brackets (me caía de puro sueño, como para ponerme a limpiarlos a fondo a las 4 de la mañana), recostado en el apartamento que se ponía a mi disposición. Por ello quiero dedicar a Paolo y su invitación, este texto de Brecht:

Cuatro invitaciones a un hombre llegadas desde distintos sitios en distintos tiempos:

1
Esta es tu casa
Puedes dejar aquí tus cosas
Coloca los muebles a tu gusto
Pide lo que necesites
Ahí está la llave.
Quédate aquí.

2
Este es el aposento para todos nosotros
Para ti hay un cuarto con una cama
Puedes echarnos una mano en los campos
Tendrás tu propio plato
Quédate con nosotros.

3
Aquí puedes dormir
La cama aún está fresca
solo la ocupó un hombre.
Si eres delicado,
enjuaga la cuchara de estaño en ese cubo
y quedará como nueva.
Quédate confiado con nosotros.

4
Este es el cuarto.
Date prisa; si quieres puedes quedarte
toda la noche pero se paga aparte.
Yo no te molestaré
y además no estoy enferma.
Aquí estás tan a salvo como en cualquier otro sitio.
Puedes quedarte, por lo tanto.


B. Brecht (1926)

Brecht se refería sin duda a su periplo camino del exilio, en que cualquier techo era recibido con alborozo. Si alguna vez pasas por acá, Paolo, estás invitado. Espero que el incendio no os jodiera la noche del viernes.

Wednesday, March 04, 2009

On the road again


Esas cosas que dices
cuando no hay mas palabras
solo un gesto
una desgarradura en forma de sonrisa
una avalancha
de carne obstinada
callando, hablando, balbuceando en sueños
incapaz de decidir
incluso si esa punzada es dolor
o solo un movimiento reflejo
como parpadear
como un animal antes de caer
como esquivar el golpe que nunca llega a darse
Pálido espejismo
alucinación con forma de pensamiento
que se retuerce y brilla
insomne
anhelante
con el hambre
de ser, de vivir, de brillar, de consumirse.

¿Has visto alguna vez
a esas chicas en el arcén de la carretera?
demasiado jóvenes para haber perdido la inocencia completamente
huyendo
de alguna tarde gris de tormenta
de alguna casa vacia
de algun album de fotos
de algun malentendido
de algunas flores sobre la tumba de alguien
probablemente
del dolor.
Demasiado rotas por dentro
como para ser inocentes del todo
demasiadas noches sin rumbo
como para no estar perdidas...

Una noche, caminaremos por el arcén
en algun lugar que es ningun lugar
un sitio de paso entre ciudades de paso
en donde solo hay carreteras
y conductores
que van de un sitio a otro.

Las veremos entre nosotros, caminando
aguardando
encontrar
la dirección
el este
el sur
el norte
el lugar de los buenos tiempos
aun por venir
(que nunca vendrán)
que tal vez nunca han creído
posibles.
Xanadú,
la montaña mágica
el salón de espera
del asfalto ígneo
fundido pétalo contra pétalo
con el carmín iridescente
que se difumina
que se borra
que todavía mancha
humedo de rocío
húmedo de anhelo
húmedo y solitario
lánguido y postrer estallido
de infancia perdida
de despertar
al desfallecimiento
al desamor por el amor perdido
a la pérdida de la mirada intacta.

Fijate en ellas
Estamos, tu y yo
igual de perdidos
igual de dolidos
somos penetrantes entrañas de hombres al descubierto
vagando por areas de servicios
esperando una maniobra, un azar
la ruleta rusa del autostop
para encontrar un sentido
un lugar al que ir
para completar el espacio vacio de un asiento
en un vehiculo que huele a nuevo
que huele a muerte
que huele a perplejidad humana
que el conductor decida
la direccion por la que el sol nos sorprenderá mañana
asomando sus ojos de tipo duro
que queman y que sanan y que nos dejan sin aliento.

Al final, esas chicas
dan con sus sueños por tierra
dan con sus caderas contra las puertas
de los servicios de una gasolinera
en donde alguien ha escrito
en la mismisima puerta:
"¿Dónde estas?, te estoy buscando"
"Jack Kerouac Estuvo aquí"
"Sigue en pie"
"El dolor pasará"
"Nunca dejará de doler"
(y ellas lo leen todo,
con los ojos repletos de lagrimas
acongojadas
llenas de miedo
con el alma ensuciándose
y la polla de un camionero entre las piernas)
"Esta no es una canción de amor"
"Jenny es una puta"
"No dejes que esto te afecte, nena"
"Mi vida es mi vida"
Frases lanzadas al viento
escritas en la pizarra del lugar
en donde los sueños se convierten
en alfileres que te pincharán
toda tu vida
toda tu vida
toda ella
larga procesión de pequeñas traiciones
de puñaladas
de vagar por el desierto
sin saber que es un desierto.

Seguimos sin saber qué dirección tomar.
Lanzamos una moneda al aire
y decimos que ha salido cara
aunque eso no signifique nada
aunque nos hagamos trampas a nosotros mismos
y lancemos las horas por la borda
¿Que más dará
ser tahures tristes vagando
entre guijarros
con las mascaras de nuestras mentiras
intimas
haciendo que no nos reconozcamos
unos a otros?

Caminamos, en la carretera de nuevo
porque hoy es un dia
tan bueno como cualquier otro
y en el montón de abono de cualquier terraplen
puede florecer igualmente
una valiosa flor, una historia, una carcajada, una amistad,
una aventura, un abrazo, una noche estrellada
o cualquier otra maravilla
con que fruncirnos
el descosido y palpitante
musculo indeleble
que rojo e insome
tiembla por siempre.

(Mycroft)

Friday, January 04, 2008

Fugacidad


"¿Por qué no me dieron un banquete entonces? Era la mejor ocasión. Ya había realizado mi tarea. Me festejáis ahora por un trabajo que hice entonces. Me festejáis porque todo el mundo lo hace y porque constituye un honor hacerlo. Me festejáis porque sois animales duros, porque pertenecéis a la multitud y lo único que actualmente piensa la multitud, de un modo automático, es festejarme. ¿Y qué tienen que ver Martin Eden y el trabajo que realizara con todo esto?»
(Jack London, Martin Eden)

Friday, October 19, 2007

Ternura



"Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando fumaba. Pero en mis Brazos era siempre Lolita"
(Vladimir Nabokov, Lolita)

Desperté en una cama ajena. Bueno, era la mía pero la sentía extraña.
Una sombra de mujer se recortaba contra la ventana, en medio del humo. Una desconocida palpitante, un cuerpo del delito que latía y había sido presa de una sudorosa acometida.
A veces pienso que tan solo trato de probarme a mi mismo. Es una cuestión de tozudez.
Ella, desconocida, miraba las piedras pintadas con nombres de guerra, los muros de un colegio de barrio, un solar destartalado en el que mi niñez había muerto no de repente, sino languideciendo.
Un agónico suicidio de la inocencia, porque la inocencia no produce dolor, y el dolor es el único indicio que tengo de tener corazón.
Era un instante perfecto. No porque yo fuese un enamorado atolondrado contemplando al objeto de su pasión (y en esos casos objeto es una palabra más que adecuada).
Ni siquiera un guerrero que contempla las murallas derrumbadas de una ciudad conquistada y a sus pies.
Era ese un momento de intimidad extrema, pero con ella de espaldas a mi. Podía compartir ese momento, atesorarlo para siempre, sin tener que enfrentarme a sus ojos, sin tener que reconocer la futilidad de todo.
A veces las cosas son así, amamos más nuestras cobardías que nuestro valor.
Afuera las luces de un coche buscando aparcamiento iluminaban la calle. Ella estaba desnuda, y era más bella ahora que no la deseaba.
Cuando se giró, el momento había pasado, y todo había concluido.
Le dije que se fuera tratando de ser solo lo suficientemente grosero como para dejar claro que no ibamos a desayunar juntos, que no iba a cogerla de la mano, que no iba a volver a verla.
Creo que no medí mis palabras, porque me tiró un zapato a la cara. Pero se fue.
Tras todos los roces, posturas, extrema ansiedad satisfecha por sacudidas y besos falsos, por pieles entrelazadas en un sortilegio de lujuria, aburrimiento, soledad, todo eso era ahora el silencio de dos individuos desconocidos, en una habitación vacía, en una noche de verano.
A veces solo follamos para estar menos solos. Al final, solo queda la sensación de que el reloj se detuvo con las caricias, el sonido de unas olas de mar que no existen, tras los azules ojos de una chica que convenciste representando un papel que no era el tuyo, solo porque estabas rabioso y querías desquitarte.
Hoy me encontré con la hermana de Isabel Sort.
Supongo que empezó ahí la noche: La imposibilidad de alcanzar un antiguo (y vacío) sueño me movió para tratar de encontrar un sucedáneo no menos vacío, pero al menos tangible.
Literalmente me había impactado ese encuentro, he sentido su figura tatuándose en mi retina, serigrafiándose en el fondo de mi hipotálamo.
La dulce y juvenil promesa de su cuerpo ha devenido en un laberinto de turgencias insospechadas.
Ahora impresiona, como una estatua de alucinantes contornos y rostro iluminado, ojos de animal feroz, claros arroyos de agua que te devuleven la mirada, una belleza baudelariana (y uso ese adjetivo porque me encanta su sonido. Y porque me sale de los cojones. Por cierto la actividad de impúdicos jugos, insensata y vehemente, se aceleró en su producción de aguada munición)
La hermana pequeña, cuyos ojos tienen un brillo caprichoso, esmaltados en un color todavía por descubrir, se movía con la suave firmeza de la mujer que se sabe siempre el centro de atención, oscureciendo sus iris irreductibles con una mirada de resuelta vanidad, o de vanidosa resolución.
Aquellos asombrosos labios hechos de nubes marmóreas, con formas de hojas, jamás inquirieron una pregunta (¿Por qué? Nada que cuestionar a un mundo que la observa embobado). Era la esfinge sin secreto de Wilde.
No era una chica superficial, sino un puro arquetipo de superficialidad pura, superficialidad hecha carne (voluptuosa carne. Era más cosas hechas carne, y algunas mejor no sacarlas a relucir: Dejémoslas en la caja de pandora de mis más húmedas fantasías y echemos la llave al retrete).
Apenas me dirigió una mirada por encima del hombro, y eso que estaba al otro lado de la calle. Sabía quién era yo, o pretendía ser, al menos desde aquella noche etílica en que me encontré con su hermana y con ella en una discoteca, el el cumpleaños de alguien.
Había ingerido litros y litros de algo que parecía ser aceite para motores con cola, y andaba esparciendo discursos incoherentes, trompicones, tropiezos, botes, bailes funkys para los que no era apto, e intentos de escalar los muros del recinto, escapar por los conductos del aire acondicionado, y salir volando hacia la luna para establecer embajada con los selenitas. Así estaba de borracho. Me caí dos veces por las escaleras, y eso que me sujetaban entre cinco.
El caso es que apenas recuerdo hablar cinco minutos con las hermanas. Pero fuentes más fiables establecen una cronología distinta, que indica que estuve media hora comiéndole la oreja a Isabel (no sé que podría decirle) y otra con el baile de San Vito, en plena danza ritual de cortejo.
Aquella noche acabé en la playa de la Malvarrosa (era invierno) haciendo castillos de arena, tumbado mirando las estrellas, y soñando con un dúplex (y no precisamente en la avenida de Francia).
El día después ni siquiera saludé a Isabel en la facultad.
Os cuento esto para que os hagais una idea acerca de mi relación con el objeto de deseo en cuestión.
Estaba elucubrando, cuando me dí cuenta de que había variado mi rumbo y caminaba detrás de la chica en cuestión. Como un depravado cualquiera observando el movimiento esférico, circular, gravitacional, de su inminente trasero. Inminente porque ella paró en seco, y me ví casi precipitado a chocar con él.
Se dió la vuelta y dijo:
-¿Te conozco?
-Si-dije yo. Y se produjo un silencio incómodo.- Soy compañero de instituto de tu hermana.
-Ah, ya decía yo. ¿Qué tal?- Dijo con una voz cuyo tono no sabría definir. Una especie de cinta pregrabada de cortesía social. Un contestador humano.
-Perfectamente, he acabado los estudios. A ver si saludas de mi parte a Isa.-Sonreí con cinismo. Visualicé mi mano recorriendo su cuerpo, alzando la falda, leve tela ligera, y apoyando su cuerpo contra la pared. Pero no tenía gracia. Era como en Scarface: ¿Que sentido tenía tirarse a alguien así? Era como hacerse una paja. Nunca lo entendí.
En el bar de al lado sonaba "Never Let me down again". Me despedí, y cuando se dió la vuelta, dije algo abiertamente grosero en voz alta. Se acercó a mi, con su rostro súbitamente lleno de determinación, y me cruzó la cara.
Me retiré del escenario del crimen con una mueca que escondía en realidad una sonrisa.
No sé por qué dije aquello.
Miento, si lo sé.
Una bofetada es, al menos, y como mínimo, una caricia que duele.
La verdad es que estaba enfadado conmigo mismo por mi debilidad.
En aquellos tiempos me levantaba cada día temprano para buscar empleo. Tras media hora en la biblioteca ojeando las ofertas en la prensa (Se necesita economista con experiencia internacional para puesto de friegaplatos) y alguna inusual visita al SERVEF, tenía varias opciones y la peor de ellas no era callejear y beber heinekens a euro la pieza.
En un oscuro local, un bunker de tinieblas con una estética a lo Tobe Hooper, consumía las mañanas de mi vacía y obsoleta vida de parásito.
Aquel día estaba algo dolido, y cuando entré el doctor Nick Riviera (no se llamaba así, pero su impericia era legendaria ya en la ciudad) lo notó.
Me llevó por una senda de cristales rotos, hielos, vasos, pintas, locales a media luz durante toda una tarde, procurando mantenerme tan fuera de mi que mi ser se extinguía y surgía simplemente una sed, una sed mortal pero reconfortante, la sed que necesitaba para seguir en pie, sed de hermanas pequeñas, sed de inalcanzables desvaríos y fantasías, sed de imagenes que prometen y prometen desde su imposibilidad de hacerse reales.
Eso es un amigo. Alguien que calma el dolor con otra clase de dolor.
El día era una montaña rusa, y en plena bajada me había convertido en un vampiro. Cuando encontré un cuello que besar, un cuello que calmara mi sed, me aferre a él con mis colmillos, y fingí ser quién no era.
Eso me condujo a un instante frente a una ventana, a un jadeo ahogado, a un violento y melancólico polvo de borracho.
Pero ella no era más que sombra frente a la ventana.

Monday, October 01, 2007

I'm Sad


Efímero y eterno
Efímero para ser eterno
El fuego-La vida, ambas se apagan y mueren
Pero de la ceniza suerge el cristal,
con fuego y vida eternamente en su brillo
(K. Uppdal)

Wednesday, September 12, 2007

Some Noir


Todo comenzó de noche, porque la oscuridad, aparte de un atrezzo de escritor barato de relatos de terror, es sencillamente el cielo hecho incertidumbre.
Nuestro hombre tomaba unas cervezas con un compañero de trabajo en un local repleto de barricas, en que las mesas eran toneles, y las camareras mujeres demasiado guapas y demasiado jóvenes como para no racordarnos nuestro propio rostro en el espejo que reviste el otro lado de la barra.
Había un tipo monstruosamente musculado, rubio, junto a la máquina expendedora de cigarrillos. Creo que era gay, no paraba de mirarme.
Yo era ese compañero de trabajo, y estabamos comentado alguna de esas pequeñas mezquindades que ya saben. Cuando le das a un hombre una migaja de poder y un traje oscuro a juego con una corbata gris, y entre gráficos, estudios de venta, contratos de seguro y evaluaciones de rendimientos se cocina el alma de un pequeño tirano.
-No puedo creerlo- me dijo- ¿Hizo eso por pura maldad?
-Por supuesto. Y ella recogió sus cosas en silencio. Nunca supo ni siquiera por qué la estaba despidiendo. Luego sonrió siguiendola con la vista a través de la ventana, caminando por el parking como herida en su orgullo.
-No me jodas. Y no parecía gran cosa, el cabrón. Entró en la empresa cuando yo lo hice, era un chico tímido que tenía miedo de alzar la voz.
-El mal casi siempre es un explosivo que se prende con la mecha de lo banal, amigo.
- No estoy de acuerdo. No creo que la gente se dedique a hacer el mal por hacer el mal, ¿Qué sentido tiene tomarse esa molestia sin un propósito?
Sonreí y me animé a pagar una ronda, porque me encanta la controversia. Mantuvimos una charla vehemente y yo tiré de manual. Hablando del holocausto, de la inquisición, de la bomba nuclear... Mientras hermosas mujeres a las que miraba de reojo jugaban a los dardos, y yo me alegraba internamente de ser un cobarde, aunque en el fondo sabía que era como el último hombre vivo del relato de Matheson, fantaseando con la chica del vestido verde que se parecía a aquella actriz (imaginaba las noches de pasión, el estrechamiento de la relación como las paredes de una sala de tortura que van acercándose unas a otras movidas por un engranaje secreto dejando menos espacio, menos espacio, más cerca, hasta que que lo aplastan a uno y queda atrapado en una vida normal: Casa, coche, perro, hipoteca. Entonces era cuando sonreía por ser un pelele).
-No puede ser eso, tiene que haber alguna razón, alguna mezquina razón.
-Tal vez el miedo.
-El miedo al menos es algo.
Las chicas seguían jugando a dardos, y yo estaba demasiado borracho para hablar, y menos aún para hacerme entender. Entonces cambiamos de tema al comentar que Spiritualized estaba de gira y vendría al culo del mundo, en dónde nosotros vegetabamos, todo un detalle.
Salimos de entre la espesa selva de cuerpos ebrios, pisando charcos de alcohol y vísceras internas, chapoteando en el lodo lúcido y lúdico de la anestesia derramada.
Afuera el motor de la maquinaria industrial que horadaba la plaza de Canovas descansaba como un demonio cansado de competir con los hombres.
-Tengo que dejar ese trabajo- dije.
-¿Por qué?
-Porque si no me pegaré un jodido tiro. No lleva a ninguna parte. Trabajo para beber y bebo para olvidar que trabajo para beber.
-Estás exagerando. Solo necesitas (entendí al instante sus gestos lascivos)...
-Eso tampoco lleva a ninguna parte. Lo que me jode es haber fracasado como hedonista. Pasarme al materialismo puro y duro acabará conmigo a la larga.
-Eres tu el que cree que el mal es simplemente azar y aburrimiento. Eres un pesimista.
-Tú lo has dicho. Te llevo.-Accioné el botón en la llave de mi coche, que gruño como un dragón herido. Las obras del metro lo habían llenado de polvo que con el rocío pronto sería una fina capa traslúcida de lodo semitransparente.
-No, prefiero ir andando.- Se embozó su chaqueta y sin decir adiós dió media vuelta y se alejó con paso tambalente. Fue la última vez que vi a mi amigo.
-----------------------
Algún tiempo después llamé a su casa. Hacía tiempo que no iba al trabajo, y me preocupé. Me contestó su madre, lo cual era extraño porque se había independizado a costa de comprar un minipiso en Manises.
-Está bastante mal.
-¿Y eso? ¿Qué ha ocurrido?
-La otra noche le atracaron dos tipos. Llevaban una navaja diminuta, pero él iba muy borracho. Apenas sabía de que le hablaban esos hombres malcarados. Les dió el dinero, pero cuando se iban se le ocurrió preguntarles por qué lo hacían, si era por el dinero o por placer. Le dieron una paliza y lleva unos días muy raro.
-Me apena oir eso. Si puedo hacer algo... Tal vez hablar con él.
-No no, muchas gracias...
Con eso me di satisfecho, y el tiempo y la rutina diaria fueron dejandole en el olvido.
Lo que voy a contar ahora lo averigué después por lo que él contó a terceras personas. Y por la televisión.
Le habían jodido bien. Le dieron patadas una y otra vez en la cabeza cuando ya lo habían apalizado. De hecho se olvidaron de huir. Estaban absortos en hacerle daño, en plena calle Salamanca, delante de un colegio religioso, sus golpes parecían truenos, y su cabeza un gran planeta en formación. Latidos, latidos de sangre y dolor palpitando. Pam, pam, pam. Solo oía eso, el mundo se redujo y solo existían los verdugos y su victima. Nadie más, el desierto asfaltado, los blancos balcones inexpugnables de pequeños hogares en silencio. Desde el suelo podía ver la luz azulada de algunos televisores cercanos a la ventana.
Se hizo de día y la policía les encontró todavía absortos como en una operación matemática.
Algo se rompió en su interior y no fueron sesos ni huesos.
Cuando se recuperó, comenzó a coleccionar cuchillos y machetes, a aprender disciplinas de lucha. El típico síndrome de alguien que no se siente seguro.
Eso pensaron todos.
En realidad era curiosidad. Curiosidad por saber qué motivaba que alguien se dejara coger y castigar por la simple satisfacción de dañar, antes que huir y disfrutar del lucro de su delito.
Sus amigos no le reconocían. Su cara estaba paralizada en un rictus. Y no era de horror, sino una sonrisa torcida.
Comenzó a caminar por las noches solo, tentando la suerte decía su madre. Deseando ser atacado tal vez. Sus pasos repicando por el empedrado. Callejones en forma de ele, el parque del río, el puerto.
Finalmente salió en las noticias, como una venganza. Sé que no era por venganza. No iba a por los que le habían jodido: Le valía cualquier matón.
Cuando la policía lo encontró, extrañamente tranquilo, sentado en el suelo con las piernas cruzadas una bajo la otra, le había sacado los dos ojos a su asaltante, le había cortado la lengua, y tan solo le preguntaba:
-¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
Y sin embargo disfrutaba, su cerebro segregaba sustancias que serían el sueño de cualquier yonqui.
Yo estaba bebiendo solo, a la salida del trabajo, cuando salió en las noticias en la TV del pub. Podía oir salivar desde mi taburete a los periodistas que buscaban una explicación y se lamentaban, aunque les brillaban los ojos porque pensaban en el share.
-¿Es instintivo, estamos diseñados para causar dolor?-preguntaba uno
-¿Era el miedo?-Aventuraba otro.
-El miedo al menos es algo.-dijo una voz a mi lado.
-No sé. La banalidad del mal lo hace más terrible. Tal vez solo fue curiosidad. Tal vez solo aburrimiento.- Me encontré diciendo- Te reto a una partida de dardos. El que pierda pasa una noche en la celda de mi amigo.
La chica que se parecía a Jenniffer Love Hewitt sonrió de forma encantadora aunque no había cogido la negra ironía que había en lo real que escondía la palabra "amigo".
Aquella noche no tenía ánimos ni para ser cínico, ni para beber solo. Simplemente quería abrazar a aquella muchacha estúpida que creía que Nerón era una marca de coches.
Consegí hacerla reir unas cuántas veces, y supe que no estaba tan oxidado como creía, además de contar con el amigo Jack Daniels para doparla.
Aunque luego ella se fue con el rubio que parecía gay.

Wednesday, May 23, 2007

Autorretrato


Mi alma era ayer un enano en el baile
que se frotaba contenta las rodillas
y sacaba a las chicas a bailar.

Todas se escandalizaron y recharazon a una alma deforme.

Tuvo que contentarse con refugiarse en el bar
y bailó sola después de las dos,
si a eso se le puede llamar baile.

(Steinunn Sigurdardottir)

Monday, May 14, 2007

Cuento contado del revés, puesto del derecho


Un día Arlequín decidió irse a vivir al aire.
Hizo las maletas y dejó la casa de su padre, que olía a libro viejo, a natillas caseras, a infancia y a sol, si es que el sol produce aroma alguno.
Decidió vivir en el viento, a medio camino entre la nada y las nubes.
Bajaba a escasos centímetros de las copas de los árboles callejeros, duros árboles que se agitaban con firmeza. Supervivientes a una dieta de asfalto.
Bajaba y dormía, soñaba y vivía sus sueños, o más bien creía vivirlos.
La lluvia era distinta en el cielo, y los pájaros lo miraban intrigados, antes de continuar su lucha feroz para devorar o perecer.
Los pájaros eran un coñazo, por cierto, unos animales más sucios de lo que la gente piensa leyendo poesías y relatos.
Arlequín huía así del día a día insoportable, de la vida, de tener que construir una vida.
Era un ángel que contemplaba con añoranza la vida urbana, y sobrevolaba la ciudad acariciando las fachadas agrietadas y grises, cubiertas de polvo y años.
Arlequín era un cobarde que vivía de robar a los niños perdidos que deseaban ir al país de nunca jamás y pedía rescate por ellos.
Era un traidor porque siempre los devolvía a sus cárceles de carne y sangre, a sus operaciones matemáticas y a sus futuras hipotecas.
Arlequín leía a Milton en voz alta posado en un pedestal de un parque, como una estatua viva, y creía que si una sola palabra de Milton caía en oidos adecuados como una semilla, algún día el ángel caido encontraría un solo defensor.
Todos hemos caído.
Su voz se asemejaba a un graznido, y las cosas brillantes lo enloquecían. Arlequín se creía cuervo, y se lanzaba a sacarle los ojos a sus ancestros. Arlequín se creía enamorado, pero solo de su imagen en el estanque, es decir, del reflejo pálido que creía reconocer en otra persona, pero que se desvanecía como imagen en el agua al hundir una piedra en ella y desbaratar su superficie.
Imaginaba lo que era amar, aunque solo sabía matar. Asesinaba lechuzas, y devoraba almas perdidas que buscaban salvación caminando en tropel, empujándose unas a otras para llegar las primeras a las puertas del paraíso.
En las puertas del paraíso se podía leer: CERRADO POR REFORMA.
Arlequín se iba a los peores bares y besaba a las chicas con su boca de diablo, mientras pensaba en su negra alma y en un recuerdo de una chica que imaginó una vez y creyó ver. Las chicas se dejaban querer, pero tenían un currículum de besos y candidatos tan largo como el día del hambriento.
Y la misma hambre de devorar al ser devoradas.
Pero Arlequín se iba al noveno chupito de tequila con algunos borrachos del lugar a jugar a caerse por el borde del mundo.
Si no había nadie para él, no iba a ser alguien para nadie.
Ni iba a dejar de ser Arlequín y vivir en el aire.
Un día un cazador caminaba por un sendero de tierra, cerca, muy cerca del río, a las afuras de la ciudad dónde las vías de tren eran murallas que los chicos jugaban a cruzar como bailando con la muerte.
Disparó al buen tun tún y le dió a Arlequín en el pecho, y el pobre muñeco cayó del cielo medio muerto. El perro del cazador lo mató del todo, y llevó su cadáver a su señor.
El cazador lo miró extrañado:- No es ni hombre ni muñeco, ni ángel ni diablo, ni alma en pena ni alienigena despistado.
Y si no es ninguna de esas cosas, y puede hacerse pedazos, servirá para alimento en la cazuela.
Y Arlequín pasó de devorar a ser devorado.

FIN.

Thursday, February 15, 2007

San Uve


Había una vez un bufón llamado Tormenta. Tenía una cabeza grande coronada de laureles, y sus colmillos sobresalían de su boca como los de un vampiro.
Vestía con una capa carmesí ya vieja y medio rota, y tenía una voz grave y potente.
No le era posible susurrar, atronaba contando historias y cuentos olvidados, y tenía un semblante melancólico.
La Princesa Saeta Dorada se divertía haciendo que la siguiese a cuatro patas, como un perro. Le ordenaba aullar a la luna, lo pateaba, y reía a carcajadas cuando mandaba hacerlo despiojar. Le arrojaba huesos desde la mesa e incluso lo llevaba de caza.
Ella era una aparición de sedas rosas y suavidades sugeridas, contornos brillantes envueltos en telas caras hurtadas de mil y un bazares de oriente. Rubia y frágil en apariencia, sus labios prometían acaso misterios del alma que no eran tales. Una esfinge sin secreto, o con el único secreto posible...el de la carne hecha sueño en la cabeza de un pobre y engañado siervo, que componía poemas a pesar de las patadas y las palabras que le herían.
Él, lejos del perfil de héroe romántico, gritaba de furia y rompía paredes a puñetazos en los establos, donde dormía. Acosaba a las hijas de las cocineras para meterles mano y si no las violaba era porque no podía. Le faltaba empuje y arrojo, aunque le sobraba desesperación y sexo encabronado en sus entrañas. Se masturbaba en silencio, junto a los caballos y las jaurías reales, a menos que entrara un mozo de cuadra y le arrojara una piedra...
Cada día escenificaban la misma broma, para diversión de la corte.
Tormenta el bufón subía al punto más alto de la Torre más elevada, del Castillo de las Nubes, situado en lo alto del Acantilado Sin Fin.
En ese punto declaraba con su voz hecha trueno, su amor por la princesa, fingiendo fingir ese sentimiento inexplicable y absurdo. El eco retumbaba por todo el abismo, y su declaración de amor se oía por todo el reino.
Cada día suplicaba un beso, y amenazaba con saltar siguiendo el guión de una broma convertida en bucle inacabable, sabiendo que las risas cínicas de príncipes y caballeros mostraban que su corazón era transparente como un cristal y que la diversión consistía en lastimarle.
Cada día la princesa Saeta Dorada hacía un gesto de aburrimiento, y le enviaba un beso lanzado a través del aire, denso como un gas venenoso, certero como una flecha, y mortal como la peste. Sonreía mordazmente, y el bufón bajaba de la atalaya, y se arrodillaba llorando lágrimas sinceras, intentando hacerlas pasar por falsas.
Un día la princesa se cansó del chiste, o tal vez de su fiel mascota, y ante la amenaza de Tormenta de saltar, respondió:
-Si me amases, saltarías sin dudarlo un momento. Tan solo un corazón valiente es digno de un beso. Pero ese no es tu caso...
Tormenta dió un paso al abismo, y después otro, y por un momento creyó flotar aunque lo que hacía era caer.
La princesa dijo:
-Solo era una broma- y rió maliciosa, provocando las carcajadas de los aduladores y cortesanos. Se asomó por el borde amurallado de fría piedra y contempló el brumoso precipicio, intentando distinguir algún miembro, o tal vez su muñeco entero, roto, sangrando en algún saliente de la rocosa pared. Su gesto de avaricia y diversión se congeló en su rostro dorado.
Se oyó un aullido. Un aullido de hombre, de hombre despedazado con voz de trueno. Su corte cesó de reir, y el silencio era un aullido más atronador que el propio aullido.
Ella murmuró algo, y todos bajaron de la Torre.
Todos olvidaron el incidente, hasta el día en que dos cuervos se colaron por una ventana y le arrancaron los ojos a la Princesa.
Entre el servicio se rumoreaba que ese día había vuelto a escucharse el aullido, inhumano, salvaje, más allá del dolor o la venganza, y una risa... Ya se sabe, la gente ignorante, los criados, hablan y fabulan, inventan y sueñan leyendas porque la vida es demasiado inútil y aburrida.
El prometido de Saeta Dorada la repudió, y el Rey Soberbio, su padre, convocó una justa con la esperanza de que acudieran dignos pretendientes en busca de una fortuna y un reino, a pesar de las taras de su hija.
Pero nadie acudió excepto un viejo loco arrugado y harapiento. El viejo entregó una carta lacrada al Rey Soberbio, en la que decía:
-Tu perro ha hechado a volar y se ha convertido en cuervo.
Hicieron empalar al viejo.
La princesa murió triste y sola, amarga y letal, y nadie quedó para recordar si fue realmente bella alguna vez, o no era tanto como se decía.
Por las noches en la parte del castillo que daba al acantilado, se oían extraños sonidos hechos por el viento, carcajadas y alaridos, sollozos y graznidos enloquecidos.
El Reino del Amor, a la muerte del Rey Soberbio, acabó siendo poco más que un yermo deshabitado y desierto.
(Del Diario de Mycroft)

Sunday, January 28, 2007

Retrato # 1


Palabras pronunciadas hace décadas se colpasan en tus arterias mientras las lees.
Porque descubres que hablan de tí. De este momento. Ahora.

Plomo


Reposaban profundamente los ataúdes de plomo
con sus flores de plomo, su adorno funeral
Estaba solo en la tumba...y hacía viento
y crujían las coronas de plomo.

Dormía reclinando mi amor de plomo
entre flores...de plomo. Empecé a gritar.
Estaba solo junto al muerto y hacía frío.
Y colgaban sus alas congeladas de plomo.


(G. Bacovia)

Thursday, January 25, 2007

La caída de Pierrot


"Jerry se retiró del escenario y se dirigió a la plataforma que estaba inmediatamente detrás y que hacía de vestuario. Estaba empezando a sentirse mucho mejor. Aceptó el porro de una chica a la que recordaba vagamente. Se llamaba Shirley Withers y lo había mirado con un cariño con el que nadie lo había mirado desde hacía mucho tiempo.
Se sintió más alto, más delgado y más guapo. Le sonrió. Una sonrisa prometedora.
Comenzó a hacer algunos movimientos con la gracia de antaño y sin hacer caso de la guitarra que le colgaba de la cadera. Volvió al escenario y enchufó de nuevo la guitarra. Tocó una progresión rápida de doce compases. Sabía que estaba tocando bien. Le hizo una seña a Mo y a Terry, y se puso a saltar de un lado a otro mientras tocaba. Algunas personas aplaudían y lo aclamaban.
Mo dió un último toque a la cuerda del La e inclinó la cabeza para saludar. La señora Cornelius, el coronel Pyat y Frank Cornelius estaban sentados en primera fila. Pero Jerry no los miraba, él solo tenía ojos para la gloria.
De repente todos ellos empezaron a tocar más o menos juntos y arrancaron con un ritmo boogie tradicional bastante rápido. Jerry bailaba cerca del microfono. Nunca se había sentido tan feliz. Por fin estaba en condiciones de imitar a todos sus viejos ídolos. Quizás él mismo iba a convertirse en ídolo, pero a diferencia de los otros, él no iba a decepcionar a nadie. La multitud estaba a sus pies. Se acercó al microfono y abrió la boca.
La multitud rugió.
Fue la última cosa que oyó antes de que el suelo cediera bajo sus pies y cayera en la fosa poco profunda que había bajo el escenario.
Estaba demasiado drogado para sentir algún dolor o preocuparse por lo que fuera. Acostado boca arriba miraba el hilo de luz que se filtraba desde arriba y la Rickenbacker rota sobre su pecho, oía las risas y los aplausos del público, el bajo desconcertado de Mo y el enérgico y desubicado solo de batería de Terry.
Después perdió el conocimiento durante unos instantes.
Al despertar se sentía abatido. Shirley Withers estaba en la fosa con él e intentaba levantarlo. Jerry vió a su madre asomarse desde el borde de la fosa.
-¿Jerry cómo estás?
-Bien-respondió-. Ahora puedo continuar.- Sabía que había perdido su oportunidad.
-Tu guitarra está destrozada-dijo Shirley-. ¿Tienes otra?
Jerry negó con la cabeza..."

(La Condición de Muzak, Michael Moorcock)


Pd. Estoy acabando "La Condición de Muzak". Y me sorprende. Pensaba que tras tres novelas de lisergia Pop en las que Jerry imagina un apocalíptico mundo en descomposición en el que va asumiendo diversos roles y personajes, un mundo en el que los cosacos invaden Canadá, para acto seguido en el siguiente capitulo pasar a una realidad alternativa en que ganaron los Boers...Un mundo alocado, desde luego, de realidades alternativas.
Pensaba que tras una carrera suidida de continuos saltos en el tiempo, el espacio y la mente, realidad de agentes secretos con pistolas de ciencia ficción, La condición de Muzak sería la novela realista del chico andrajoso que vivía con su madre y soñaba con todas las delirantes aventuras pop descritas anteriormente, con sus conocidos de protagonistas mientras esperaba inactivo que la inercia le llevara a triunfar como rockstar.
Estaba equivocado, porque Moorcock tenía un plan más ambicioso, aunque un tanto pretencioso. La "realidad" de Jerry apenas ocupa unas páginas iniciales y finales de la novela. Moorcock pretende que sean los propios sueños de Jerry los que nos muestren su declive. Que el espía triunfante que se fusiona (literalmente, décadas antes de Dragon Ball) con una programadora de ordenadores (La señorita Brunner, que en el mundo real es su ex profesora) para fundar un monstruo que devora la realidad, de la novela "El programa Final". Ese mismo Jerry, trepidante agente del caos que sabotea el orden establecido y la estabilidad social, como una especie de terrorista cultural del espacio exterior, en "Una cura para el cáncer" evoluciona a un soñador más sombrío, escéptico, y desengañado, más cansado y derrotado, en "El asesino Inglés" en que es un cadavérico sujeto en un estado casi de coma "enloquecido", narrando el apocalipsis con flashbacks desde su ataúd.
En "La Condición de Muzak" Moorcock nos muestra el cansancio y el deterioro del idealismo, la cruda realidad de los 70 matando el sueño de los 60, a través de las propias fantasías de Jerry (en las cuales por cierto se cuelan las drogas duras hacia el final de "El asesino Inglés") que se van acelerando y descontrolando de tal modo que en ocasiones Cornelius no sabe ni quién es.
El contacto con la realidad es efímero, devastador, pero casi anecdótico. Lo que importa viene a ser que la calidad y cantidad de sus sueños se deteriora.
Se suceden aventuras y situaciones con una sensación de hastío y deja vu. Kiev ha caído de nuevo. Qué importa si han sido los chinos o los tártaros. Jerry está quemado, ha sido mil personajes en su imaginación. Y ninguno.
Y cuando Moorcok lo trae de vuelta a la realidad, es cruel con él.
Esta no es mi década, susurra más de una vez Jerry. No, no es mi década.

Saturday, January 20, 2007

La canción del soltero


La chica que yo amaré
tendrá el corazón tan puro
que en los huecos de su cara
mi corazón se quedará prendido
La chica que yo amaré
quiero que tenga la piel tierna
para que en las noches de diciembre
se calienten en ella mis dedos
Y yo la amaré
y ella me amará
y nuestros corazones arderán
en el mismo fuego de la alegría
Entraremos cantando
en los muros de la vida
ofreciendo nuestros veinte años
para que ella sonría.
No, tú no eres
la chica que yo amaré
No, tú no eres
la chica que yo amaré

La chica que yo amaré
tendrá su casa silenciosa
blanca y sencilla a la vez
como un estado de gracia
La chica que yo amaré
pasará noches en vela
en las que me hablará
de los niños que dormitan
Y yo la amaré
y ella me amará
Y nos ofreceremos
todo el amor que haya
adornaremos los dos
nuestra vida de sol
Antes de ser viejo
antes de ser vieja
No, tú no eres
la chica que yo amaré
No, tú no eres
la chica que yo amaré

La chica que yo amaré
se hará vieja sin tristeza
entre su fuego de leña
y mi gran ternura
La chica que yo amaré
será como buen vino
que se hará más bueno
un poco cada mañana
Y yo la amaré
y ella me amará
y haremos canciones
de nuestras antiguas alegrías
Y dejaremos la tierra
con los ojos llenos el uno del otro
Para florecer todo el infierno
con la felicidad que es nuestra
Ay, que venga a mí
la chica que yo amaré
Ay, que venga a mí
la chica que yo amaré

(Jacques Brel)

Sunday, January 14, 2007

El retorno de los muchachos


¿No lo sabías? Los chicos han vuelto a la ciudad. Están buscando ese lugar perdido del que partieron hace mucho. Su mirada ha perdido toda inocencia, y su sonrisa está cosida a una mueca cínica.
Las nubes ya no les emocionan como antes, no alzan la vista al cielo. Pocas veces la alzan del suelo.
Los chicos han vuelto a la ciudad y están buscando un alma, media alma, una milésima de alma. Están dispuestos a compartirla, porque es mejor media alma que ninguna.
Ellos deambulan por el viejo barrio que solía ser su patio de juegos. Ahora lo ven vacío y sucio, y donde antes habían ciudades de mármol, nácar y marfil, que estaban dispuestos a conquistar costara lo que costara, derrumbando murallas y sorteando enemigos, ahora solo hay decrépito ladrillo.
Los chicos han vuelto, pero ya no son ellos mismos.
Los chicos volvieron, pero ya no son chicos.
Estaban buscando ese país que era parte de ellos, pero ahora están perdidos y exhaustos.
Y tiemblan. Porque saben qué es lo siguiente:
Fundido a negro.

Saturday, December 16, 2006

Ítaca en llamas


24-10-06
Han pasado muchos
muchos soles
demasiados
días teñidos de rojo
entre olas azules.
¿Estás seguro, Ulises
de que te esperan?
Pareces pensar
que tu ausencia abrasa a los tuyos
más que el fuego
y que sin tí
Ítaca está en llamas.
(Pero en las cabezas
de tus vecinos de Ítaca
Ulises está muerto.
Y el mar severo
no lo va a traer de vuelta.)

Han pasado muchas
muchas lunas
pálidos pozos en el cielo.
Despiertas.
Estas de vuelta.
Has vuelto de las fosas.
No te reconocen, extranjero...
¿Hechizo de los dioses?
Más bien
memoria de los hombres.
Volvías a casa
e Ítaca estaba en llamas
pero era tu recuerdo
ceniza en el aire.

Penélope calla
y te abraza,
no porque hayas vuelto,
sino porque has vencido
eres el más fuerte:
el pretendiente que queda en pie.
No sabe, no le importa
si eres Ulises
o solo alguien que afirma serlo.
Eres el más fuerte:
el pretendiente que queda en pie.
Y en las hogueras de Ítaca
crees oir a las sirenas
burlarse del lugar
que llamas "hogar".
(Del diario de Mycroft)

Wednesday, November 15, 2006

And all of your dreams Are washed in the sand ...


"Uno no aprecia muchas de las cosas de la escuela hasta que se hace mayor. Pequeñas cosas como que te azote todos los días una mujer de mediana edad, cosas por las que más adelante pagas un buen dinero"
(Emo Phillips)

OASIS | D'Yer Wanna Be A Spaceman? Lyrics

I haven't seen your face round
Since I was a kid
You're bringing back those memories
Of the thing that we did
You're hangin round
And climbing trees
Pretending to fly
D'Yer wanna be a spaceman
And live in the sky

You got how many bills to pay
And how many kids
And you forgot about
The things that we did
The town where we're living
Has made you a man
And all of your dreams
Are washed in the sand

Well it's alright
It's alright
Who are you and me to say
What's wrong and what's right
Do you still feel like me
We sit down here
And we shall see
We can talk
And find common ground
And we can just forget
About feeling down
We can just forget
About life in this town.

It's funny how your dreams
Change as you're growing old
You don't wanna be no spaceman
You just want gold
Dream stealers
Are lying in wait
But if you wanna be a spaceman
It's still not too late

Well it's alright
It's alright
Who are you and me to say
What's wrong and what's right
Do you still feel like me
We sit down here
And we shall see
We can talk
And find common ground
And we can just forget
About feeling down
We can just forget
About life in this town.

It's funny how your dreams
Change as you're growing old
You don't wanna be no spaceman
You just want gold Dream stealers
Are lying in wait
But if you wanna be a spaceman
It's still not too late

Well it's alright
It's alright
Who are you and me to say
What's wrong and what's right
Do you still feel like me
We sit down here
And we shall see
We can talk
And find common ground
And we can just forget
About feeling down
We can just forget

Friday, November 10, 2006

Do you want to know a secret?


Los detectives de las viejas películas fueron los últimos (anti)héroes románticos.
Es por eso que nadie ve ya esas películas.
Es el signo de los tiempos.