"La paradoja de la Dama en el amor cortés equivale en última instancia a la paradoja del desvío: nuestro deseo "oficial" es que queremos dormir con la Dama; mientras que, en verdad, no hay nada que temamos más que una dama que podría ceder generosamente a este nuestro deseo- lo que verdaderamente esperamos y deseamos de la Dama es una nueva ordalía, una dilación más..."
"El amor cortés es una estricta fórmula ficcional, con un juego social "como si", donde un hombre finge que su querida es la Dama "inaccesible""
"Privada de toda sustancia real, la Dama funciona como espejo en el cual el sujeto proyecta su ideal narcisista".
"Es el siervo, pues, el que escribe el guión, es decir, quien realmente lleva las riendas y dicta la actividad de la mujer (dominatrix): pone en escena su propia servidumbre..."
(Slavoj Zizek, las metástasis del goce, seis ensayos sobre la mujer y la causalidad)
Las matrículas, los horarios, el nuevo curso...y una esperadísima Tercera Temporada. Community vuelve. Nos inscribimos orgullosos en Greendale, y tomamos partido en esa particular y soterrada guerra entre la inteligencia de Dan Harmon y sus pupilos, entre la imaginación y la maravilla, y el chiste fácil y gastado de sitcom de hace 30 años, su ramplona competidora TBBT: Jeff lo twittea. No te conforme con un capullo con una camiseta de Flash, cuando puedes ver una comedia de verdadera categoría. Ah, y a Alison Brie.
Walt: I should never have left home – never gone to your house. Maybe things would have... Oh, god I was, I was at home watching TV. It was some, some nature program about elephants. Skylar and Holly were in the other room. I could hear them on the baby monitor. She was singing a lullaby. Ah, if I had just lived right up to that moment, and not one second more, that would have been perfect.
Un tipo deprimido, tras un lamentable y poco efectivo intento de suicidio con pastillas, se topa con el perro de una vecina. Todos perciben al perro de forma normal, excepto él: Para él Wilfred es un tipo descarado, con forma humana, que habla por los codos y no respeta ninguna regla o idea preconcebida.
Tras una idea tan atípica, que recuerda en cierta forma, pero en otro registro, al conejo de Donnie Darko, se esconde una comedia aparentemente negra, pero bastante capriana en el fondo.
Una legítima crítica del Guardian venía a arremeter contra Skins por ser puro "cuento de hadas", por llevar la droga y el sexo con naturalidad, pero vivir en el fondo de espaldas a la cultura juvenil real.
Muy malacostumbrados deben estar, me temo, en las islas, dando por descontadas propuestas de calidad: No han sufrido un Al salir de Clase, un Compañeros, Un Física y Química.
Si, es un cuento, un cuento a la Hughes: Pero con dolorosas gotas de crudeza. De drama. La nueva generación me ha convencido desde el minuto uno, a diferencia de una segunda generación de skins que tuvo que ganarme para la causa.
A falta de dos capítulos, ya tenemos mucho apuntado: Personajes fantásticos, que además no funcionan solos, sino que combinan entre sí. Unos guionistas que han cogido al personaje más antipático e impersonal (Nick), y han hecho con él el mejor capítulo de lo que llevamos de temporada.
¿Es inverosímil? La verosimilitud está sobrevalorada. Capítulos como el dedicado a Liv, con ella y Matty disfrazados de Peluches escapando de un pervertido, no tienen precio.
Mi momento preferido es el de un Nick absolutamente perdido, desquiciado, mirando a su alrededor con espanto en una cama ajena, en plena acción, incapaz de reconocerse a sí mismo, incapaz de saber cómo ha acabado allí, en un lugar que no es para él, totalmente incómodo, sustituyendo el supuesto placer sexual con el disgusto y el asco por si mismo.
Los credores de la serie lo han conseguido otra vez. Es difícil no sentir ternura por Rich, el heavy de buen corazón, por Franky, por Grace. Las historias serán, para los críticos, carne de cuento de hadas, pero los personajes viven, se mueven, dudan y sufren con mayor "verdad" que mucha gente "real" de la pura telerrealidad.
Cinco temporadas después, Skins sigue siendo el mejor cine juvenil del momento.
No puedo entrar a valorar el estreno de Shameless (USA) porque sencillamente me niego verla. No se trata ya de los nefandos precedentes (IT crowd el piloto, o en menos medida la descafeinada The office). Sino que Shameless es una serie cuyo núcleo duro, encanto, médula espinal es su carácter british.
Dickensiana, irónica, mugrienta, una oda a los working class heroes desde la naturalidad, sin la superioridad moral que en fondo se respira en el retrato típico de los rednecks americanos que pululan por ahí. Por eso Shameless USA solo puede aspirar a ser un producto tipo My name is Earl (que es digno, pero esquemático, muy sitcom).
Shameless no es sitcom, no es un producto blando. No sé muy bien lo que es, y me abstendré muy mucho de llamarlo "comedia social" dada la opinión (mala) que tengo del (mal) llamado cine social, que vengo escupiendo por el blog de Alex. Habla de las clases populares con humor, pero a pesar de su lenguaje en ocasiones paródico, o a pesar en otras ocasiones de sus deudas con soap operas tipo Coronation st, lo que hace es construir un universo propio poblado de grandes personajes. Me temo que el único tema en el que el puritanismo americano cederá es en el tema sexual, algo que los canales de cable como Showtime ya han roto como tabú.
El ambiente surreal, pero no ridiculizado, ni mirado desde una posición superior, de los barrios ingleses es imposible de clonar. No solo por su espíritu pleno de especificidad british. Sino por la sensibilidad con que se aborda.
El esfuerzo puede resultar tan fútil como construir una réplica a tamaño real del Big Ben en pleno desierto de Arizona.
El hecho es que los americanos ya tienen sus propios shows costumbristas, delirantes, incorrectos, su propia vía de irónica mirada a la vida americana real: Bajo el disfraz del dibujo animado late esa pulsión, enmascarada. Bajo el delirio, el exceso, la metarrefencia pop y el mal gusto.
Hay más América de verdad en Family Guy que en el invernadero inverosímil de My name is Earl. Porque eso es lo que temo de Shameless USA, que se queden con los arquetipos rednecks, los conviertan en comedia blanda, les extraigan su parte de calle y de verdad, y los abandonen en un plató de Friends, con pinceladas de incorrección adaptadas al paladar acomodado.
El acoholismo, la dejadez, la falta de horizontes se reservan para los shows serios o policiales. La comedia allá en USA en ocasiones parece un poco flor de invernáculo. Puede ser muy hermosa, pero a la vez muy débil.
La película de Shane Meadows era irrepetible. El análisis del fenómeno skin con los ojos de un niño acaba de un modo redondo, perfecto.
Pero una serie que empieza un capítulo con el English Rose de The Jam no puede, no debe ser mala....
La duda estaba en si era necesario retomar el asunto con esta miniserie de 4 capítulos. Pero Meadows, lejos de insistir, explora de la mano de un Thomas Turgoose (actor fetiche ya a estas alturas para Meadows) en estado de gracia y que aprende lecciones valiosas de contención, un camino paralelo y menos centrado en la génesis de odio y tribalismo urbano de la película.
Si en el film ya destacaban unos personajes tridimensionales, Meadows propone aquí dejar el trasfondo social muy en segundo plano y hablarnos de estos seres humanos en mayor profundidad, con sus traumas, derrotas, humores...dolores...
Meadows ama a sus personajes, y les hace debatirse, sufrir y crecer en pantalla. En ocasiones insisto mucho en los creadores que aman de veras a sus personajes, y puedo parecer un tanto pesado y naif...Pero eso es lo que hace de algunas series como Skins algo especial...
El Mundial de la mano de dios es solo el atrezzo de cartón en el que los entrañables pandilleros de unos años antes se desenvuelven. Aquí hay drama de trazo grueso y cine social que en manos de un panfletario menos dotado quedaría en tv movie de antena 3. Pero Meadows aplica un naturalismo nada forzado, dosis de humor, enorme talento en la descripción de personajes, y un cierto esteticismo más marcado que en la película, sabedor que tiene algo más de tiempo para recrearse...
Fiestas salvajes en la Inglaterra Thatcherista, y cicatrices que se cierran o abren, según el caso y la rueda de la fortuna...E incluso alguna redención que otra, que demuestra que a pesar de algún que otro personaje casi caricaturesco en su maldad, Meadows deja espacio para matizar aún más un relato de grises...
Community es mi serie de humor preferida hoy por hoy. La premisa es sencilla, y da mucho juego. La devaluada universidad pública estadounidense, y su mala fama, con el catálogo de perdedores correspondientes como protagonistas.
Cierto, daba para una serie con más mal rollo, y mala baba, pero aún a pesar del tono amable y del humor relativamente blanco, aún con los puntuales puntos de fuga de personajes incorrectos y juegos con los arquetipos y clichés, es una de las mejores comedias americanas del momento.
Community en ocasiones es hilarante, siempre inteligente, no demasiado belicosa, pero consciente de sus propios códigos: El personaje de Abed (un enfermo de la cultura pop y televisiva) le da una metarreferencialidad sorprendente; Habla de tensiones sexuales no resueltas o cancelaciones, de códigos no escritos de las sitcoms, o transforma la vida de sus compañeros en su propia ficción.
Las referencias cinéfilas y/o culturales no andan a la zaga: de Goodfellas a El Padrino, de John Woo a Happy Days...El indomable Wil hunting, o El señor de los Anillos.
Los personajes, dentro de sus nichos estereotipados, son humanos, respiran, y se exponen al ridículo más espantoso en ocasiones (ligero toque Gervais). Las actuaciones son excelentes, incluso en el caso de Chase (increíble reivindicación), la química entre ellos sorprendente.
Jeff Winkler (ex abogado inhabilitado por falsificar un título de derecho por Colombia como si lo fuese por Columbia) como improbable líder de naturaleza individualista y mezquina, pero de buen fondo, parece una traslación de las experiencias universitarias del propio creador de la serie.
Pero la estrella es Alison Brie (suspiros). Brilla en cada intervención como la inocente, neurótica e insegura Annie. Su personaje es un regalo, y ella responde. Sólo por Alison Brie, valdría la pena. Si al final sumamos guiones notables, episodios redondos (como el del paintball), secundarios legendarios (el señor Chang), obtenemos una serie muy por encima de las comedias que acaparan miradas (¿alguien entiende el triunfo de la increíblemente sosa Big Bang Theory?).
El hecho de ser capaces de jugar con sus propios clichés (el viejo racista y homófobo, los estudiantes negros, la feminista vegetariana, el abogado amoral, el freak cinéfilo, etc, etc) y utilizarlos como material para jugar con los espectadores, explica, junta a la química del reparto, parte de la complicidad que generan esos estudiantes que acaban siendo tus propios compañeros.
¿El único pero?
A mi me gusta más la mala uva, las cargas de profunidad, algo que solo se consigue cuando los personajes más extremos se ponen políticamente incorrectos. Aún así, una serie más inteligente que las pocas tentativas precedentes de humor de college en la tv, quizás con la honrosa excepción del Undeclared de Apatow.
Otros años en esta ineludible efeméride he recordado otras efemérides que se ven oscurecidas (Chile, Brel) por el peso de la Historia reciente (Esa que Fukuyama daba por terminada, esa que Huntington transforma de nuevo en un sencillo juego de buenos y malos).
Hoy viene a cuento hablar de ficciones. Rubicon es una serie de espias de ritmo lento, misterios profundos, y miradas largas de desconcierto de sus protagonistas. Es una de esas series (Dexter, True Blood) que sin variar sus líneas maestras funcionan de modo doble: Por sí mismas son excitantes, pero también pueden contemplarse como su propia parodia, desde un punto de vista irónico. Depende del humor que tenga uno en un momento concreto.
El protagonista es un hombre que perdió a su familia en el 11-s. Comenzará a trabajar como analista de inteligencia (espionaje), hasta que una serie de circunstancias le lleven a cuestionarse para quien trabaja realmente, o si su intelecto está efectivamente al servicio de la patria.
Rubicón es interesante por su tono paranoide, pero también por su medición del estado de los USA defensivos post-11s. La desconfianza del protagonista hacia el entramado de la inteligencia y contrainteligencia, y el desapasionamiento con que se habla de asesinatos selectivos, victimas colaterales, entre café y café, teorías conspiranoicas, empresas de seguridad privada, lobbys armamentísticos, desinformación, etc, es muy interesante, a falta de que se mantenga el ritmo de la intriga propiamente dicha.
Especialmente divertida de tanto en tanto, absurdamente críptica casi siempre, un poco obvia a veces, excitante de una forma extraña y gafapastil, en ocasiones el tono gris y asfixiante se torna surreal: las profundas miradas de espanto y sospecha de James Badge Dale, alias sosoman, son cristalinas y nada sutiles. El papel de Arliss Howard es especialmente jugoso como veterano y siniestro espía gayer de la Cía. El resto del equipo de analistas se mueve entre el ambiente profesional a lo "ley de los Ángeles", hasta la tontuna suprema del personaje de Dallas Roberts, un Nerd que encajaría mejor en una serie tipo Bored to Death.
El último capítulo era puro relleno, pero es una serie que me intriga, aunque aún no se si de un modo serio, o en un modo autoparódico. Ganarían si se pusieran paranoicos al estilo desquiciado de Dick, me parece a mi...
En Luther todo fluye elegantemente. El héroe torturado, el policía emparedado por su culpa, perseguido por sus fantasmas,amenazado por su perder pie, agobiado por su desintegración familiar, no alcanza a convertirse en un manido tópico. El actor Idris Elba, conocido por su papel al otro lado de la ley en The Wire, le da sustancia, humanidad, y densidad.
Luther es una serie policíaca, sí, pero también se pregunta acerca del Mal, de la Ley y la Justicia, de los héroes vengadores, de la amistad entre un policía y la psicópata que le supera en los juegos mentales de gato y ratón, se pregunta acerca del valor, del remordimiento, de la soledad del que hace lo que debe incluso cuando rompe las reglas ("-Esto está mal, Luther. - Sí, pero es lo correcto") y finalmente acaba cuestionando al mismo aparato policial, guiado por indicios, construyendo casos para poder ganarlos, impotente ante la corrupción, la mentira, y la barbarie.
Luther lo tiene todo, héroe carismático, villanos memorables, extrañas simbiosis, ambientes asfixiantes en un Londres que se derrumba por la fuerza de la entropía, del crimen, de la decadencia, de la perversión. ¿Existe el Mal? ¿O en ocasiones nos movemos en un terreno ambiguo, en un sendero tortuoso?
¿Podemos ponerle rostro? ¿Qué harías para detenerlo? ¿A qué precio?
P.D. Por cierto, he leído criticas inmisericordes (The Guardian) que no han sabido apreciar el tono de comic, de pulp hard boiled, de revista de los 50, pero pasada de vueltas...y la eterna condena al protagonista por no repetir la contención de su papel en The Wire es absurda, este papel pide volverse loco, e Idris lo consigue...
La serie más divertida de todos los tiempos vuelve esta semana. El departamento de informática de Reynholm Industres se pone el mono de faena este verano. ¿Incluirán chistes sobre sus espantososos doblajes o clónicos en otros países? ¿Qué nueva cota de inconveniencia alcanzará Matt Berry encarnando a Douglas Reynholm? El micromundo en el que viven Moss y Roy y al que se asoma estupefacta Jen (cada vez más inadaptada y disfuncional, sintonizando con sus adláteres) volverá a conquistarnos...
Douglas: April, after dinner, would you do me the honour of accompanying me to my bed?
April: Oh, um ...
Douglas: No, I've said too much. I've let my heart overpower my head, which is my want. But I don't care. I find you enchanting. And there's a condom machine in the toilet, I've checked.
Mutando desde 1981. Rock, Pop, cine, comics, literatura, filosofía, conspiranoias, cyberpunk, y tecnomisticismo. Explorador de sensaciones, romántico y cínico, especialista en venenos rápidos, pluma mercenaria, sindicalista, anarco-socialista, utopista