Micronesia en el Cerebelo

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Monday, May 18, 2009

La semana de... Jarvis Cocker! : Freaks


Durante toda una semana Micronesia se consagra a Jarvis. Gentleman, agudo cronista social, irónico e icónico pop star.
Y me gustaría empezar esta efeméride con un salto al pasado, aunque no al principio de todo, por aquello de no llevar un orden cronológico. Un disco histórico, poco conocido, poco apreciado...
Freaks.

Algunos discos merecen mucho más de lo que obtienen. La travesía del desierto de los 80 de Jarvis Cocker es un caso único de desorientación y mala suerte. Fíjense en el salto brutal hacia adelante que representa "freaks" respecto al amable "it".

A pesar de la evidente inspiración truculenta en Tod Browning, en Jack The Ripper, en todos los desolados asociales de la literatura gótica, el aire romántico no se difumina, sino que se oculta tras los velos de la negrura y el pesimismo.

Freaks es un disco oscuro, malévolo, inteligente y descorazonador. Desde la inercia casi crooner de sus principios (deudores de Bowie y Scott Walker) de inspiración naive (en ese debut, como unos Prefab Sprout adolescentes, unos Orange Juice belleandsebastianos, unos Aztec Camera perversos), Jarvis, bajo la batuta de Russell Senior y su buen amigo Simon Hinkler (Artery, The Mission), que no produce en esta ocasión, firma un relato en su segundo Lp acerca de "diez historias sobre poder, claustrofobia, sofocación, y manos cogidas".

Se adentra en un clima denso postpunk, y adelanta esa mezcla de romanticismo de cantante melódico sombrío, y oscuras elegías de trazo nevioso y acelerado, una combinación que se avanza años a la evolución de Nick Cave (entonces en los brutales y primitivistas Birthday party) con las malas semillas.

Este pasaje desolador transmite frustración, dolor, paranoia, desconcierto, desilusión. Es un Lp agrio, crudo, pesimista. En una época de su vida en que nada parece avanzar, en que todo parece estancado, y sus sueños languidecen, no en vano Fire Records le da una semana en los cochambosos estudios para grabar un disco sin presupuesto.

Sus experiencias negativas en la industria, y sobre todo en la vida, y por otro lado la intención de Senior de hacer de Pulp un grupo más arty, a lo Cabaret Voltaire, y coquetear con la retórica poética joydivisiana (de nuevo por decisión consciente de un Senior que en esos días mandaba mucho en el grupo), dibujan un panorama en el que la naciente ironía de Jarvis recrea un tapiz tremendista y granguiñolesco.

"Los freaks de los que estamos hablando somos gente normal que se ha hecho un poco horrible." Toda una proclama de intenciones.

El disco se abre con los aires circenses de Fairground, con sus carcajadas de cuento de miedo para niños. Un pregón siniestro: El circo de los freaks de Jarvis ha llegado a la ciudad.

I want you pone calma y cierta desesperación: como ne me quitte pas de Brel, es una canción sobre la humillación de ponerse de rodillas, más que sobre el amor (you can't leave, you can't leave it to die here in pain).

Se oyen pasos: Being Followed Home vuelve al clima truculento, sucio (The street stinks of piss and dead fish) y paranoico, como una pesadilla de King Crimson musicada por Joy division. Rechazo y demencia, en una retahila descriptiva made in Jarvis.

Master of the universe tiene ritmo y fuerza y me recuerda a los primeros (y oscuros) tiempos de New Order, antes de la influencia del italo disco. La letra me parece una parodia de las canciones sadomasoquistas y abiertamente ambiguas de unos Depeche mode primerizos, o incluso, de nuevo, a los chicos de Curtis cuando juegan al despiste con referencias estrambóticas a juegos de poder. "The master masturbates alone, in a corner of your home" no se puede interpretar de otro modo que en clave de coña.

Life Must Be So Wonderful es una bella balada crooner, y, como podría hacer un Neil Hannon, apunta a la esperanza como fuente de dolor, al desamor, al desvalimiento. La vida podria ser maravillosa pero no lo es.

There's no emotion es una canción en el mismo registro, menos pulida, que atiende al enamoramiento y al abandono como un ciclo cruel. There's no love, No love left in your body; Standing empty forever, And colder every day.

Anorexic Beauty es un exaltado punk oscuro, casi a lo The Fall, en el que nos muestra otro freak, basado en un caso real de un juguete roto, una famosa joven a la que la presión mediática aplastó y que se hundió en la anorexia. La canción tiene empaque pero los textos de Jarvis aún tienen el trazo demasiado grueso para los retratos concretos.

Después de la explosión rabiosa, volvemos a un clima denso a lo The Cure, a una historia de nunca acabar, The Never-Ending Story, una historia de psicopatías, torturas y malos tratos, que la situa en la tradición de Jack el Destripador.

Don't you Know relaja el ambiente, pero no introduce halo de luz alguno. Siempre hay quién ama más de lo que le corresponde el objeto de sus desvelos: And if you've still got the chance, I know you know you'll stay.

Por fin, They Suffocate At Night. Un mantra pesadillesco, un mal sueño que apenas recordamos al despertar. La sensación de pérdida, de desilusión, de mísera estrechez de espiritu, no alcanzan a cristalizarse en la pluma de un Jarvis que aún está aprendiendo, y que se ve obligado a hacerlo sobre la marcha, y con los más negros augurios sobre el grupo, en medio de una crisis existencial, y con un carácter todavía inmaduro. Como curiosidad, al grupo no le queda más remedio que pillar cámara y grabarse su propio videoclip. Así estaban las cosas.

Una obra más compacta y redonda de lo que parece, un disco sin apenas producción en un género que requería de todos los trucos de producción que unos the cure si tenían posibles ($) de utilizar. Un manifiesto pesimista, que desprende tal vez demasiado negatividad, algo de afectación, y unas atmosferas tenebristas y espartanas a un tiempo (que remedio), una anomalía en los 80, y en la carrera de Jarvis Cocker. Un libro negro y deprimente sobre los sueños de un chico delgado que quiso ser Scott Walker y ensayó el papel de Ian Curtis.

Hasta que descubrió que quién quería ser en realidad era él mismo. Hasta que la vida empezó a sonreírle. Hasta que vio como no todos los freaks de circo eran oscuros, deprimentes, infelices.
No sin antes hacer un break, estudiar cine, empaparse del ambiente rave de los okupas londinenses, recargar pilas, caerse por una ventana, y amagar con unos singles ácidos de baile. Pero eso es otro episodio.



1 comment:

Paolo2000 said...

Bravo, Mycroft ! Esperamos nuevas entregas y por supuesto le obsequiare con algun ladrillazo sobre Gervasio, que este hombre es un grande!!!