Micronesia en el Cerebelo

Rock, cine, comics, ciencia ficción, cervezologia y sueños rotos.

Monday, January 26, 2009

Mefisto



A falta de ver la peli ganadora de un oscar (Szabó contando con el gran Brandauer para el papel, aunque dicen que debieron ganarlo antes por "Coronel Redl"), la novela de Mann (Klaus) se me antoja imprescindible.
Imprescindible en tanto que alemán dolorosamente consciente de la gangrenación de Alemania en su época.

Evidente la referencia es al pacto de Fausto, a Goethe, a la corrupción que se cuela de forma insidiosa, a veces subrepticia, otras groseramente evidente, pero tolerada. Al fin y al cabo, la Republica de Weimar es una democracia. Las naciones poderosas no quieren inmiscuirse. Versalles fue un tratado excesivo, el gigante solo se despereza, unos pocos disidentes, y un par de decenas de minorías, sufren alguna fechoría. Ya domesticarán los conservadores a esos jóvenes cachorros radicales. Ya aplacará la economía los ánimos enardecidos. Aún a costa de fabricar balas. Otra cosa es afirmarse como tal democracia, y actuar de acuerdo con intereses e ideales que no tienen que ver con la equidad o la legitimidad.

La historia es sencilla, el actor hecho a si mismo, ambicioso, que ansía conquistar Berlín con su encanto de feriante, de impostor, que se casa (en parte para medrar) con la hija del académico, a la que acaba viendo demasiado pulida, demasiado privilegiada, demasiado impoluta. Ese actor de palabra revolucionaria, cuyas representaciones del "Teatro revolucionario" se ven invariablemente pospuestas, que es dogmático y apasionado en su retórica populista, tan vehemente como en el fondo insincero. Su único ideal es él mismo. A todo y todos traicionará como protegido de Goering, mientras su mujer, "reaccionaria" según él afirmaba, edita una revista antifascista, emigrada a Paris, y su mejor amigo es torturado por sus benefactores, a los que sonríe y lisonjea.

Impresionante en tanto analítica de un tejido social, compuesta por tipos o paradigmas: El actor diletante, de retórica untosamente revolucionaria, en realidad un relativista dispuesto a vender y venderse; el militante comunista exaltado, que se fía de su amigo, cuyas palabras le llevan demasiado lejos, y cuya ingenuidad le llevan a resistir, el militante nazi de los primeros tiempos, que pronto vé como se traiciona "su revolución" y cómo la retórica revanchista y de auto-odio, odio xenófobo, y análisis simplista la-culpa-es-de-los-elementos-antialemanes-infiltrados-en-nuestra-patria, se rompe ante la realidad: los suyos no solo son tan corruptos como el resto, sino también tan hipócritas, retóricos, estúpidos, y banalmente malignos como el que más.

Y no solo este fresco, en el que caben muchos otros retratados más o menos inspirados en personas reales: Los mecanismos psicológicos, las autojustificaciones, los autoengaños, la cobardía, y la pasividad que llevan a la gente a entregarse, a entregar su alma y entregar/delatar/traicionar al resto, individual o colectivamente, se plasman de forma meridiana.

Oh, vaya, novelas de estas puede que hayan muchas. Pero escritas en Alemania en 1936, diciendo crudamente lo que va a ocurrir, no tantas.

Leída seguidamente de la "Conjura Contra América" de Roth, y completando una trilogía que podría concluir con los escritos de Arendt sobre Eichmann, esta novela aparentemente sencilla, modesta, inocua en cuanto a grandes palabras, parca en esteticismo, aunque ocasionalmente bella, es la plenitud de la literatura del compromiso, de las ideas, de la politica como forma de preguntarnos acerca de qué clase de poder nos gobierna y qué diablos está haciendo. Mann no se muerde la lengua. Sabe ser lírico cuando quiere, pero nos habla de la culpa, del alma pudriéndose, de los abrevaderos, del "honor nacional", de la complicidad, de la degradación sutil y por etapas de una democracia, de, si señores, en 1936, "chimeneas humeantes".

Es el relato en vivo, de lo que Roth nos cuenta en modo distópico. Roth, en su gran novela, nos situa en el punto en que Lindbergh gana a Roosevelt , y los sinsabores de la minoría amenazada, desde el punto de vista inocente de su propia infancia manipulada. Roth imagina un escenario tembile, la América colaboracionista y neutral, germanófila, aislacionista, e interesada en las políticas de neutralización de lo diferencial, del elemento judaico, intentando su disolución con la cómplice adquiescencia de la mayoría cristiana aliviada de haber evitado una guerra.

Mann no juega en la seguridad de lo distópico, nos lo cuenta porque él está ahí, ahora, y no quiere callar porque no quiere ser cómplice. Juega con fuego, señala que los primeros cadáveres son el inicio, la base de la pirámide. Si los dejamos pasar, estaremos caminando sobre ellos, salvandonos nosotros, porque nos decimos a nosotros mismos que no es TAN terrible TODAVÍA. Por cierto, en 1936, ya habla de la cobardía de los Estados que miran a otro lado, de crímenes políticos, de exiliados a cientos.

Veamos algunas perlas:

"Somos todavía demasiado mansos, nuestro Führer no puede ser aún como querría. ¿Dónde están las torturas públicas? ¿el fuego para los charlatanes del humanitarismo y para las cabezas nacionalistas?-Pelz golpeó impaciente la taza de café con la cucharilla, como si llamara al camarero que se estaba retrasando con el auto de fé- ¿Para qué seguir conservando esa discreción fuera de lugar, esa falsa vergüenza que esconde la bella fiesta de los martirios tras los muros del campo de concentración?-preguntó severamente-. Y según mis noticias, no se han quemado más que libros, eso no es nada. Pero ya nos procurará nuestro Führer algo más, estoy seguro. ¡Chimeneas en el horizonte, arroyos de sangre en todos los caminos, y un baile de posesión de los supervivientes, de los aún vivos, alrededor de los cadáveres-"



(Hofgen piensa): "A mi no me habría sido posible vivir como emigrante en Paris. ¡Simplemente no es lo mío!"




"Yo no puedo ayudarles-era la frase con la que apartaba de su pensamiento a los que sufrían- Yo mismo estoy continuamente en peligro, quién sabe si Caesar Von Mück no conseguirá mi arresto mañana. Cuando esté a salvo definitivamente, quizás entonces, pueda ayudar a los demás..."



"He salvado a un hombre-pensó orgulloso-Es una buena acción (...) ¿Llegaría un día el gran cambio y con él la gran venganza? Para ese caso era conveniente y hasta necesario estar asegurado. Su buena acción constituia un seguro especialmente precioso..."



"Osas rebelarte contra poderes y personas cuyo acceso al gobierno deseaste siempre ardientemente. Pero tú eres débil, joven Miklas, y no tienes defensores.
El poder que has amado es cruel. No admite la menor crítica y destruye al que se rebela. Serás destruido, muchacho, por los dioses a los que has rezado con fervor.
Caes, de una pequeña herida salta un poco de sangre sobre la hierba, y tus labios están ahora tan pálidos como tu brillante frente.
¿Llora alguien por tu caída, por un final así para una esperanza tan grande, tan ardiente, y tan amargamente defraudada? Siempre estuviste solo."


PD. A pesar de tener una difusión limitada en ciertos circulos intelectuales antifascistas, como por otra parte algunos escritos de Walter Benjamin, no se publicó hasta 1956, dado que los descendientes de ciertos personajes de la sociedad berlinesa de los 30, veían clara y meridianamente retratados, con pelos y señales, a sus mayores, amenazando con acciones legales a la editorial que osara romper la paz, la paz, la paz de los que olvidan y repiten.

3 comments:

Alex said...

Al contrario que tú he visto la película pero no he leído la novela ("Coronel Redl" no es mejor que "Mephisto" para mí). Y si la novela parece fascinante, la película no lo es menos. Una especie de "El Huevo de la Serpiente" más macerado y menos corrompido por el revanchismo que arrastraba Begman contra sí mismo. Brandauer, que tantos detractores tiene, siempre me pareció un genio excesivo. Un histrión con la facultad de modularse. Está soberbio en el papel de trepa (uno más en aquella Alemania que caía a trozos y parecía levantarse). La republica de Weimar, los sueldos que se pagaban con sacos llenos de billetes que no valían nada, la violencia subterranea de los que comenzaban a hurgar en la herida de Versalles. Una película notable. Me has abierto el apetito por hacerme con la novela, aunque ahora el tiempo escasea como nunca.

Paolo2000 said...

Me estoy quedando un poco rayado. Esa pelicula se parece mucho y es del mismo director que la de Hanussen que me parecio un peliculon... Extraño...

Por cierto les dejo microcritica mia de la conjura contra america:

http://microcritic.wordpress.com/2008/11/06/la-conjura-contra-america/

Mycroft said...

Lo que no saben es cuánto me costó el libro, nuevo, de bolsillo.
3 euros.

Más rayado me quedé cuando vi que coincidian en el tiempo la peli de Szabó sobre Hanussen, y la de Werner Herzog, sobre el mismo (más centrado en una especie de antagonista, el forzudo hebreo, en el caso de Herzog)